VUELVO A LUCHAR A MIS 46 AÑOS Podcast By  cover art

VUELVO A LUCHAR A MIS 46 AÑOS

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ARTE SUAVE

Desde los inicios de los tiempos como primates utilizábamos los puños para luchar y defendernos. Los clanes se unían para crear alianzas y conquistar nuevos territorios. La naturaleza es un campo de batalla donde sobreviven los más fuertes. Somos hijos de la lucha.

Un humano en una discoteca y una langosta en el océano comparten la misma biología.

En su libro “12 reglas para la vida: un antídoto para el caos”, Jordan Peterson, famoso psicólogo canadiense, utiliza el comportamiento de las langostas para ilustrar sus ideas sobre las jerarquías sociales y la naturaleza humana

Imagina que estás en un club y ves a dos chicos compitiendo por la atención de una chica. Algo similar ocurre en el mundo de las langostas. Según Jordan Peterson, las hembras de langosta eligen a los machos más fuertes y dominantes para aparearse. Los machos, por su parte, luchan entre sí para demostrar su valía y ganar el derecho a reproducirse

En el mundo de las langostas, los machos pelean por el territorio y el acceso a las hembras. El macho que gana estas batallas se convierte en el “macho alfa” y tiene más oportunidades de aparearse. Las hembras prefieren a estos machos dominantes porque tienen mejores genes y pueden ofrecer más protección.

Cuando una langosta pierde una pelea, su cerebro sufre cambios químicos que la hacen más sumisa y menos propensa a luchar en el futuro. Estas langostas sumisas tienden a evitar conflictos y a aceptar una posición más baja en la jerarquía social.

Jordan Peterson utiliza esta observación para hacer una analogía con los seres humanos. Sugiere que, al igual que las langostas, los humanos también pueden experimentar cambios en su estado mental y comportamiento después de enfrentar derrotas o fracasos. Según Peterson, esto puede llevar a una espiral descendente de baja autoestima y sumisión si no se aborda adecuadamente. Impactando en nuestra forma de relacionarnos y cómo nos ven los demás, sino también cómo nos sentimos y actuamos nosotros mismos.

Peterson argumenta que los humanos no somos tan diferentes. En nuestra sociedad, las personas que tienen éxito y muestran confianza tienden a ser más atractivas para el sexo opuesto. Esto se debe a que, al igual que las langostas, buscamos parejas que puedan ofrecer seguridad y buenos genes para la procreación

Esto representa que nuestras jerarquías sociales y la selección de pareja están profundamente arraigadas en nuestra biología. Aunque vivimos en una sociedad moderna, nuestros instintos primitivos todavía influyen en nuestras decisiones y comportamientos. Peterson utiliza este ejemplo para subrayar la importancia de la competencia y la confianza en la vida diaria.

Jordan tiene algunas ideas bastante claras y directas sobre los hombres sumisos. Según él, la sumisión en los hombres puede estar relacionada con una falta de confianza y una posición baja en la jerarquía social, similar a lo que ocurre con las langostas derrotadas.

Peterson argumenta que los hombres sumisos tienden a tener niveles más bajos de serotonina, lo que puede llevar a una actitud más retraída y menos asertiva. Esto no solo afecta su bienestar emocional, sino también su capacidad para tener éxito en la vida y en las relaciones

Además, Peterson cree que la sociedad moderna a menudo culpa a los hombres simplemente por ser hombres, lo que puede contribuir a una crisis de masculinidad. Según él, esta crisis puede hacer que algunos hombres se sientan desmotivados y menos inclinados a asumir responsabilidades, lo que a su vez puede llevar a una mayor sumisión.



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